¿Sigues siendo niña grande o eres una mujer? Descúbrelo.

Tu conducta te dará las respuesta a la pregunta del título. ¿Por qué? Pues, las acciones dicen más que las palabras. Mira las siguientes situaciones y decide si te comportas más como una niña o como una mujer madura. Míralo como un ejercicio de autodescubrimiento.

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Frases que él quiere escuchar durante el sexo

Los hombres son seres sumamente visuales. Las cosas que haces frente a ellos puede encenderlos en menos de un nanosegundo. No obstante, una vez están de ánimo para el acto del amor, debes recordar que ellos necesitan escuchar ciertas frases para pasarla fenomenal en tu compañía. Así que debes fomentar su líbido auditivamente. Hay unas frases específicas que les gustan. ¿Cuáles son algunas de estas? Lee a continuación.

“¡Por fin! No sabes lo mucho que he pensado en hacerte esto”

Nada prende más a un hombre que saber que has estado pensando en él, imaginando en tu mente las cosas que le harás durante el próximo encuentro. Si él sabe que has esperado con ansias estar con él, dará la milla extra para evitar defraudarte. Ah, eso sí, los anuncios engañosos no valen; debes hacerle todo lo que le dijiste que imaginaste, pero antes de hacerlo, cuéntale con lujo de detalles. La anticipación los enloquece.

“¡Eres el mejor!”

Cuando estés realmente metida en la situación y tu chico te toque en un lugar muy especial o te acaricie de forma agradable, dale las gracias y dile exactamente lo que te gusta para que sepa cómo complacerte mejor en el futuro y mejorar su técnica. Considérate una porrista del amor. Dale motivos a tu chico para esforzarse con frases como esta. Si es el mejor, lo justo es que lo sepa.

“No pares”

Estas dos palabras son fabulosos a la hora del sexo. Si le pides a tu chico que continúe sin detenerse, le dejas saber directamente que estás a punto de alcanzar el clímax. Así sabrá que está haciendo algo bien y cobrará más ánimo para hacer las cosas como te gustan. Si quieres llegar al punto, no pares de decir esta frase tan sencilla y poderosa.

“Te amo”

A diferencia de lo que muchas mujeres piensan, los hombres son seres sensibles que necesitan sentirse amados durante el coito. Abre tu corazón y déjale saber al tuyo todo lo que sientes por él. Besa sus ojos, acaricia su cabello y dale un beso esquimal (frotar las narices). Dile que lo amas antes del acto, durante y luego para reforzar el mensaje en su cerebro. Recuerda que más que para divertirte, el sexo es la forma más íntima y perfecta para dejarle saber a tu chico que es tu alma gemela. Lleva el sexo a un nivel más allá de lo físico, a un espacio verdaderamente espiritual.

“Wow! ¡Es lo más grande que he visto en mi vida!”

Si tu chico está bien dotado, díselo. Créeme, que le subirás la autoestima hasta las nubes. La sinceridad es un factor muy importante durante el sexo y si Dios le dio un don tan especial, celébralo cada vez que puedas. ¡Considérate afortunada, amiga! ¡Grítalo a los cuatro vientos!

“¡Ya casi llego! ¡Llegué! ¡Más!”

Si estás a punto de llegar al clímax o llegaste, dilo. Para los hombres esto es un verdadero acontecimiento porque saben que han hecho un buen trabajo. Es el equivalente a darle una galleta a un perro porque aprendió un truco nuevo. Decirle estas palabras es su recompensa. De esa manera también puede llevar un conteo de todos los orgasmos que te ha ayudado a alcanzar.

“Esta vez es memorable”

Si tuviste un encuentro único y especial, dile a tu chico que siempre lo recordarás. Esto completará el círculo del amor. Es preciso decirlo durante la etapa poscoital (cuddling). También provocarás que tu chico repase en su mente todo el acto y recuerde las cosas que hizo bien para repetirlas. Aprovecha este espacio para explicarle con detalles todo lo que te gustó, desde los besos del inicio hasta la forma en que te arropó al final para que no te diera frío. Cada detalle cuenta.

La comunicación es muy importante en las relaciones. Sé especialmente expresiva mientras haces el amor. Si le dices a tu chico cómo te gusta que te ame, cada día se convertirá en un mejor amante. Piensa en tus palabras como una guía para él y recuerda que son tan necesarias como las caricias y los besos. Dile todas estas frases cuantas veces quieras, grítalas, susúrralas en su oído. Déjalo sordo de placer. Dile justo lo que quiere escuchar.

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Por qué las mujeres somos nuestras peores enemigas

Con los años, las mujeres hemos logrado grandes cambios que nos han permitido disfrutar de derechos y privilegios que en antaño estaban reservados exclusivamente para los hombres. Estos adelantos se los debemos a luchadoras incansables como Luisa Capetillo, Susan B. Anthony y Ana Roque de Duprey, entre muchas otras. No obstante, muchas mujeres hemos abandonado el camino de la solidaridad femenina y en cambio, hemos decidido convertirnos en las peores enemigas de las féminas con nuestras mentalidades y comportamientos. Lo triste es que en muchas ocasiones, no nos damos cuenta. Ojalá este artículo nos ayude a tomar medidas remediales.

Retomar la senda que conduce a la empatía con otras mujeres es posible. Ciertamente, debemos dejar atrás la forma negativa en que interactuamos entre nosotras y los comentarios que compartimos, que podrían trabajar en función de nuestro detrimento como grupo y personas individuales. Veamos en detalle cómo estamos fallando.

En el amor

Cuando un hombre ve que su amigo tiene una nueva novia que es considerada, guapa y amigable, inmediatamente piensa que debe conseguirse una chica como esa. En contraste, cuando una mujer ve que su amiga está en una relación estable con un hombre centrado, bien parecido y tierno, al segundo piensa que debe conquistar a ese mismo hombre. Por esta razón, es que escuchamos con tanta frecuencia sobre infidelidades de amigas con parejas, lo cual es una doble traición y un dolor elevado al cuadrado para la chica que es víctima de la situación. Respetar a las parejas de nuestras amigas y familiares es clave. Asimismo, si sabemos que un hombre está en una relación, debemos darlo como prohibido. Acceder a tener intimidad con él nos degrada, nos convierte en objetos sexuales y también hiere las sensibilidades de la mujer que le dedica su vida a ese hombre. ¡No caigamos en el juego!

Por otro lado, resulta ridículo que cuando un hombre es infiel, muchas mujeres procedemos a echarle la culpa a la otra e incluso, consideramos golpearla hasta dentro del pelo. Pero, ¿por qué hacemos eso? Esa mujer no tiene nada que ver con nosotras y le echamos toda la culpa. El verdadero reclamo debe ser para el hombre, quien se comprometió a respetarnos y a estar con nosotras de forma fiel e incondicional. Se han dado muchos casos en que las amantes ni estaban enteradas de que compartían pareja con otra. Quienes nos fallan son nuestras parejas, no las otras personas. Debemos recordar este detalle tan importante.

En el trabajo

¿Cuántas veces hemos escuchado chismes sobre una compañera de trabajo? En muchas ocasiones estos rumores son iniciados por otras mujeres envidiosas que logran influenciar a todos con sus calumnias. Sucede que cuando una mujer ocupa un puesto de importancia y renombre, inmediatamente algunas féminas procedemos a decir que obtuvo la posición porque se acostó con uno de los grandes de la empresa. Ciertamente, este tipo de situaciones se da, pero ese no siempre es el caso. Debemos reconocer que hay mujeres que son asignadas a posiciones destacadas por sus méritos y virtudes. Cada vez que una de las nuestras ascienda al poder, debemos festejarla; su triunfo es un precedente que indica que en un futuro nosotras también podremos estar con ella en la cima.

En la escuela o universidad

Si una chica tiene buenas calificaciones o rompe la curva de los exámenes, muchas de nosotras inmediatamente presumimos que es porque tuvo intimidad con el profesor. ¿Acaso las mujeres no tenemos suficiente materia gris para tener éxito en la Academia? Apoyemos a nuestras hermanas y ayudémoslas a llegar tan lejos como puedan.

En la amistad

Si tenemos una amiga que tiene sexo casual con hombres, no corramos a tildarla de ramera. Muchos hombres son libertinos en todo lo que a sexo se refiere y a ellos no les decimos nada. Si nuestra amiga es juiciosa y se cuida de enfermedades, no la juzguemos. Sí podemos aconsejarla, pero al final del día la decisión es de ella.

También debemos evitar criticar a nuestras amigas por cómo se ven físicamente o por sus preferencias en moda. No todo el mundo puede lucir como una modelo de pasarela y medir 6′ de estatura. Debemos aceptarlas como son y fijarnos en su intelecto y espíritu. Nuestra crasa superficialidad se ha convertido en un obstáculo para otras mujeres que prefieren cultivar su mente, en vez de llenar su armario de artículos que no necesitan. Ya los hombres nos juzgan suficiente sobre cómo nos vemos. Lo menos que necesitamos es tener un grupo de mujeres azotando nuestra autoestima de la forma más despiadada.

De igual modo, si tenemos una amiga que queda embarazada sin casarse, apoyémosla. Ya la sociedad se encargará de insultarla y hacerla sentir mal, nosotras no tenemos por qué aportar al festival de epítetos destructivos. De seguro el padre de la criatura no pasará por el cruel escrutinio por el que pasamos las mujeres ante este tipo de circunstancia.

Si las mujeres nos unimos en una sororidad sin paredes, podremos continuar la obra de aquellas damas ilustres que cambiaron nuestro mundo. Si nos convertimos en nuestras peores enemigas, habremos perdido la batalla. Ya tenemos suficiente con que los hombres le adjudiquen burlonamente todos nuestros problemas al PMS y a nuestras hormonas. Nosotras engendramos vida, mantenemos viva a las sociedades y demostramos que con amor todo es posible. 

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