“Tips” para ahorrar al ir de compras

Como a todas, te fascina salir los fines de semana a buscar nuevas piezas para tu armario y tu casa. No obstante, esta búsqueda puede dejarte sin dinero porque la impulsividad siempre es un factor que afecta lo que compras. ¿Cómo puedes adquirir las cosas que te gustan sin excederte de tus medios económicos? Sigue estos consejos para lograrlo.

Establece un presupuesto

Antes de salir, verifica tu cuenta bancaria en Internet o por teléfono. Determina la cantidad máxima de dinero que gastarás. De no hacerlo, tu impulsividad puede que te traicione y luego te arrepientas por haberte excedido.

Deja las tarjetas en casa

Solo porque tienes una línea de crédito amplia no significa que tengas que tenerla siempre a tu disposición. Mejor deja las tarjetas de crédito para que manejes el dinero con el que cuentas en este momento. A la hora de comprar, podrías recurrir a ellas y así es que comienzas a acumular esos balances que después se te hará imposible pagar cuando se suman con los intereses.

Paga en efectivo

Una vez establezcas tu presupuesto, ve a un cajero automático para retirar la cantidad acordada. Si solo tienes ese dinero a la hora de comprar, y no tienes tarjetas tentándote en la cercanía de tu cartera, de seguro podrás cumplir con tu presupuesto y evitarás excederte.

Míralo todo antes de comprar

Si entras a la primera tienda que ves y te enamoras de varias piezas, terminarás comprándolas. De repente, puede que acudas a otras en las que hay artículos más interesantes y te arrepentirás porque ya gastaste el dinero en lo primero que viste. Mejor haz el ejercicio de visitar varias tiendas para mirar con detenimiento, comparar precios y finalmente hacer la compra más inteligente.

Acumula para la próxima compra

Si te sobró dinero del presupuesto de tu última compra, puedes ahorrarlo en tu cuenta bancaria o separarlo en un sobre para que cuente como plata adicional en tu próxima salida. Debes premiarte por usar tu buen juicio.

Sigue estos consejos a la hora de ir de compras para adquirir los artículos que te gustan sin afectar tu economía. Para saber otras maneras de ahorrar, lee la entrada De Fashionista a Recesionista, una guía práctica sobre cómo verte regia por menos.

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¡Cuando las dependientes en las tiendas atacan!

Nada es más placentero y reconfortante que salir de compras, respirar el aroma de los artículos nuevos y sentir cómo el corazón late al ver el letrero que anuncia los especiales. Tristemente estas emociones tan únicas pueden verse opacadas por lo que llamo dependientes “psycho”. Comparto con ustedes mi historia de terror en una reconocida tienda de ropa femenina. Gracias a Dios, salí con vida.

Mi esposo y yo estábamos aburridos en casa y se nos ocurrió que aportar a la economía del país por medio de unas cuantas compras sería una manera ideal de entretenernos. En ese momento y muy responsablemente, determiné mi presupuesto para evitar excederme. Me monté en el auto, llegué al centro comercial y ya en mi mente comencé a crear combinaciones de atuendos interesantes para compartirlas en el blog.

Mi primera parada fue una tienda “top” de ropa femenina. Al entrar, una sonreída y muy arreglada dependiente me saludó. Yo le devolví su gesto amable y le indiqué que me parecía fabuloso su atuendo. Ella me miró muy agradecida y me preguntó qué tipo de ropa buscaba. En ese momento le indiqué que solo miraba. Ella trató de ponerme conversación y me comenzó a interrogar sobre el tipo de profesión que tenía, mi estilo, entre otros asuntos. Yo, muy amable le contesté todas sus preguntas. En menos de lo que terminé de proferir mi última palabra, la chica salió como el demonio de Tazmania y arrasó con la tienda al tomar una cantidad excesiva de ropa, y como si me conociera íntimamente, dijo categóricamente que TODO se parecía a mí y que me iba a quedar bien. Mi primer instinto fue salir corriendo, pero las piernas me fallaron y caminé hacia el probador como preso hacia el paredón.

La verdad es que las prendas de ropa estaban divinas, pero al ver el precio de algunas comencé a temblar en ese pequeño probador. No acababa de quitarme la ropa para probarme las primeras piezas y ya la chica me exigió que saliera porque quería ver cómo me quedaban sus selecciones con una voz chillona que no paraba de gritar “Let me see, let me see”. Al verme al espejo me sentí como una diva. ¡Todo estaba regio! Cuando volví a probarme el resto de las piezas, la chica regresó a exigirme que saliera una vez más y yo todavía estaba en ropa interior. Ahí fue que llegué a la conclusión de que esa mujer tenía serios problemas mentales. Cuando abrí la puerta por segunda vez, fui atacada por una manada de piezas nuevas de ropa que la chica colgó dentro del probador con la excusa de que todo me quedaba bien. Trajo correas, pares de zapatos, accesorios, carteras, un banquete para cualquier armario. Calculé con mis ojos la cantidad de todas las piezas y en ese momento me di cuenta que tenía aproximadamente $1,990 en mercancía. El ataque de pánico fue inminente. ¡Esta bruja quiere hacer la comisión de todo un día solo conmigo!

Me vestí lo más pronto que pude, crucé mi “pashmina” en mi cuello y agarré la cartera en busca de aire. Me dio más ansiedad saber que tenía que hacer el “walk of shame” porque luego de que esa mujer me llenó el probador de ropa me iría con las manos vacías. Salí con la apariencia de una compradora calmada y le dije a la chica que no estaba interesada. En ese momento me dijo que los “jeans” que yo creía que estaban en $120, me los podía llevar por $20, pero ya era demasiado tarde para volver atrás. Salí de la tienda y sentí como se sienten los suertudos que escapan de la guerrilla. Abracé a mi esposo tan pronto lo encontré ojeando zapatos deportivos. Entré a otra tienda y recuperé la compostura.

La boca hiperactiva de la dependiente con labios rojos carmesí se quedó en mi cabeza pegada, como un par de “skinny jeans” imposibles de quitar. Entré a otras tiendas y compré otros artículos bonitos, hermosos diría yo, pero no fueron la cura para mi ansiedad. Fui víctima de una dependiente “psycho”, que me quitó un poco la alegría de comprar. Ya la he olvidado un poco, pero no la he perdonado. Por su culpa perdí la oportunidad de comprar tres pares de “jeans” de diseñador por $60. Por otra parte, pensar en ella me halaga un poco, quizás me vio cara de hidalga y pensó que mi apellido es Trump, Vanderbilt o Hilton. Si ella supiera.

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