¿Es tu relación un tipo de esclavitud consentida?

En estos tiempos modernos todavía existen mujeres que están en relaciones basadas en la desigualdad, la desconsideración y el machismo. Son mujeres que pierden por completo su individualidad por complacer a su pareja hasta en el más mínimo detalle. Esta carga lo que hace eventualmente es destruir sus sueños y convertirla en la sombra de otro. ¿Estás tú en una relación verdadera o en un tipo de esclavitud romántica?

Estás en una relación de esclavitud consentida si:

  • Tienes que pedir permiso para hacer cualquier cosa, en lugar de simplemente informar.
  • Nunca puedes hacer nada de lo que quieres, pero siempre tienes que complacer a tu pareja.
  • Dejaste tus sueños atrás hace mucho tiempo, incluso los has olvidado un poco.
  • Tu pareja no hace nada en el hogar y depende de ti para todo.
  • Tu pareja no te complace en nada, ni te trata de forma especial.
  • Te pones la ropa que tu pareja quiere, no la que tú quieres.
  • Te sientes intimidada por completo por él y sientes que no puedes ser tú.
  • Tu vida consiste en ir a trabajar, atender la casa y dedicarle tiempo a tu pareja.
  • No recuerdas la última vez que saliste a divertirte con tus amigas.
  • No puedes salir a ninguna parte sin tu pareja.
  • Sientes que no tienes voz ni voto en las decisiones de la relación.

Si contestaste que sí a la mayoría de las premisas anteriores es muy probable que tu relación es realmente un tipo de esclavitud. En ese caso es necesario que busques ayuda profesional y evalúes tu autoestima. Es difícil, pero como mujer mereces mucho más de la vida que una existencia controlada e inflexible.

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Fotos que nunca debes publicar en las redes sociales

Mientras más tecnología gana la humanidad, más pierde el sentido común. Acceder a las redes sociales como Facebook y Google+ es toda una aventura porque nunca se sabe qué se verá. Muchas personas comparten fotos muy fuertes o íntimas que provocan una de dos cosas: risa o vergüenza ajena.

Es inminente que uses tu buen juicio antes de compartir imágenes en Internet porque lo peor de todo es que se riegan como la pólvora. Además, tus compañeros de trabajo, supervisores, familiares y amigos llegarán a conclusiones sobre ti que no necesariamente son certeras. Mira estos consejos y de seguro estarás más protegida en las redes sociales.

No debes publicar fotos en las que:

  • Apareces en poses demasiado sexuales o que son abiertamente explícitas
  • Estás en ropa interior
  • Estás acostada en la cama
  • Te muestras desnuda
  • Estás en el baño
  • Usas sustancias controladas
  • Realizas actos ilegales
  • Estás borracha
  • Muestras armas de fuego
  • Sales con tu amante u otras personas con quienes eres infiel
  • Estás trepada en un tubo de “stripper” (Sí, esto sucede)
  • Le estás dando un fuerte beso francés a tu pareja y ambas lenguas son visibles
  • Estás teniendo relaciones sexuales
  • Se ve tu casa en el fondo y está obviamente desordenada y sucia
  • Pones cara de estrella pornográfica
  • Sales recién levantada y todo el mundo puede ver tus ojeras
  • Apareces vestida en un disfraz de nazzi u otro grupo controvertible
  • Aparecen familiares muertos en sus ataúdes (Es súper “creepy”)

Verifica esta lista antes de postear imágenes en Facebook y otras redes sociales. Recuerda que una vez publicas algo, es imposible dar vuelta atrás. Ah, además de que evitas la contaminación visual y el daño psicológico que le causas a tus amigos y seguidores. ¡Todo el mundo gana!

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Lecciones que aprendí de mi madre-Parte 1

Mi madre es la mujer más extraña, difícil, exigente e intransigente de todas. Entenderla por completo es un imposible seguro. Tiene la capacidad de subirme la presión a niveles que ni la aspirina podría prevenirme un ataque cardiaco y su costumbre de brindar opiniones por todo, incluso cuando evidentemente no son necesarias, hace que quiera golpear mi cabeza contra cada bloque de la Muralla China. Sí, los que la conocen saben que no exagero.

No obstante, mi mamá es una de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida. Es feminista, poeta, medio actriz, humilde, inventora, histérica, embelequera y maravillosa. Su poder de persuasión es innegable y sus cantaletas incesantes, a las que ella llama consejos, se me han quedado en el cerebro como carteles permanentes que no puedo remover porque están fuera de mi alcance. Hoy comparto algunas de esas lecciones que aprendí de mi madre que me han cambiado la vida, me han librado de situaciones lamentables y me han hecho crecer en todas mis facetas como ser humano. ¡Gracias, Magdalena!

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