6 temas que debes evitar en la primera cita

Cuando estás en el proceso de conocer a una persona es menester que recuerdes siempre mantener temas neutrales y que no causen una mala impresión de la primera. Tocar asuntos polarizantes puede ser una muy mala idea, puesto que las relaciones se basan en los elementos en común que tienes con esa persona, no en las diferencias. Así que en esa próxima primera cita, o hasta la segunda y tercera, abstente de mencionar los siguientes temas para alejarte de posibles complicaciones en las conversaciones.

no-talking1. Religión

La religión es algo que se cree por fe. Por ende, tratar de racionalizar un aspecto espiritual sería más infructuoso que agarrar un pedazo de pastel de chocolate y decir que solo te comerás un pedacito. ¡Imposible! Si quieres que tu relación termine en una iglesia casándote con el hombre con el que estás saliendo, deja a la iglesia fuera de la mesa de conversación en la primera cita.

2. Política

Si estás en contra o a favor de las libertades civiles, los derechos de los “gay”, el presidente actual y otros asuntos relacionados, dícelo a tu amiga y desahógate antes de llegar a tu cita. No es políticamente correcto abordar estos asuntos cuando estás a punto de conocer a alguien. Más adelante, puedes indagar sobre esta materia.

3. Exes

Si tu ex es un desgraciado que te rompió el corazón porque era adicto a la pornografía y a las mujeres fáciles, ese es tu problema. Lloriquearle a un hombre sobre lo malo que fueron tus antiguos amores demuestra que aún no has sanado e incluso, puede hacerle pensar a tu invitado que si alguna vez tienen una relación, terminarás hablando igual de mal de él. Por ende, enfócate en el hombre que tienes de frente y no en los que pasaron por tu vida.

4. Boda

Si quieres que el hombre pida la cuenta, llame al mozo y no te vuelva a llamar jamás, déjale saber lo desesperada que estás por casarte. Evita a toda costa decir que estás escuchando todo el tiempo campanas de boda porque lo asustarás y se sentirá presionado. Si por alguna razón, te pregunta él algo al respecto, dile que crees en el matrimonio, pero que es un paso muy importante, el cual se debe tomar con la persona correcta. Luego, pasa a otro asunto.

5. Maternidad

Todo hombre quiere ser padre, pero no con la ayuda de una mujer a la que conocieron hace nada. Así que aunque tu reloj biológico esté marcando los segundos, cálmate, respira y evita la conversación. En el caso de que él te pregunte, dile que en efecto, te encantaría ser madre y compartir la experiencia con un buen hombre. No brindes detalles de cómo será la habitación del bebé, a qué universidad irá y la profesión que tendrá. De hacerlo, parecerás una loca obsesiva.

6. Dinero

Preguntarle a un hombre cuánto dinero gana en una primera cita es un grave error porque pensará que solo buscas una relación por dinero y que eres la reina de las interesadas. El que hables de tu situación económica es también mala idea porque, si tienes dinero, podrías intimidar al hombre de la primera y si tienes problemas económicos, pensará mal de ti porque pudiese encontrarte mala administradora de tus finanzas. Por estas y otras razones, es necesario mantener esta línea de conversación fuera de tus labios y los de él.

Temas que pueden tocar en sustitución:

  • Educación
  • Gustos gastronómicos
  • Viajes
  • Películas
  • Libros
  • Música
  • Experiencias exitosas a nivel personal y profesional

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¿Eres una Facebook-celosa?

Nada como las redes sociales para sacar la celopatía o el complejo de Otelo en algunas mujeres. Hasta la mínima acción de tu hombre puede hacer que tu relación se tambalee. ¿Eres tú una de estas chicas? Descúbrelo a continuación.

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Tu chico acepta de amiga a una chica que no conoces: Si le armaste la tercera guerra mundial y le formas el interrogatorio con la luz cegadora y todo en la cara para preguntarle 500 veces quién es ella, puede que seas una celosa en la vida real y virtual.

Tu chico comenta en la foto de una chica: Si cualquier comentario que tu hombre ofrezca saca a la psicótica que vive dentro de ti, tienes que relajarte. Siempre y cuando la intervención sea sana e inocente no tienes por qué preocuparte. Tu hombre vive en una sociedad y tiene que socializar también con las mujeres de su vida, ya sean compañeras de trabajo o amigas.

Agarras a tu chico chateando con una mujer: Si lo hace frente a ti y a horas apropiadas, no tienes de qué preocuparte. Ahora, si evita que mires la pantalla, pues puede que ahí sí tengas motivos para tus celos. Solo pregúntale de forma muy cándida quién es ella y de qué hablan. Trata de evitar los celos para que no se asuste y puedas saber si está siendo sincero.

Tu chico dejó su cuenta accesible y abierta: Eres una celosa a otro nivel si entras, miras sus mensajes privados, buscas sus amistades para ver cuáles son atractivas, miras todas sus notificaciones hasta el comienzo de su cuenta y accedes a los perfiles de sus amigas más allegadas para conocer su vida y milagro.

Contraseña: Eres la madre de las celosas si tienes la contraseña de Facebook de tu hombre y entras religiosamente todos los días para monitorear cada paso digital que da. Amiga, este comportamiento lo que hace es que quieras ver cosas donde no las hay. Tienes que relajarte y confiar en tu pareja.

Es cierto que hay muchos hombres que usan Facebook para salirse con la suya, pero hay otros que no. Justos no pueden pagar por pecadores. Es agotador querer seguirle la pista a tu hombre a todas horas, no es saludable e interfiere con tu vida. Si no tienes sospechas concretas y bien fundamentadas, usa tu tiempo de forma más sabia en construir tu relación y sí, evita meterte en el perfil de él para ver quién le escribe, con cuánta frecuencia y por qué. Eso no te hace bien, celosita.

Estupideces que nunca debes hacer por un hombre

El amor tiene una facilidad para cegarte y empujarte a tomar decisiones cuestionables. Son acciones que a primera vista parecen inofensivas, pero que eventualmente podrían afectarte adversamente. Mira algunas de esas estupideces que debes descartar para evitarte mayores complicaciones en la vida.

Hacerte un tatuaje con el nombre de tu pareja

Esta es una malísima idea. Si las vacas no merecen ser marcadas por el carimbo, ¿entonces por qué accedes tú a convertirte visiblemente en la propiedad de un hombre al llevar en tu cuerpo su nombre? Por si no lo sabías, a los esclavos los marcaban así con la flor de lis para tratarlos como pertenencias. Tú no eres un par de ropa interior o un cuaderno. Si estás enamorada, tatúate el nombre de tu pareja en tu corazón y deja tu piel fuera del asunto. Si las cosas salen mal, no solo tendrás que soportar el dolor de perder a tu chico, sino también el de cubrir o removerte el tatuaje.

Tener un trío

Si la fantasía sexual de tu pareja es tener relaciones con dos mujeres a la vez, dile que solo lo harás si la segunda mujer es tu reflejo en el espejo. Permitir que terceras personas se adentren a tu relación es muy peligroso porque afecta la química que tienes con tu pareja y abre la puerta a posibles comportamientos que puede que en el futuro no te agraden. Si tu chico realmente te ama, reconocerá que tú eres lo único que necesita para satisfacerse.
Usar drogas

Muchas mujeres se adentran al mundo de las drogas guiadas por sus parejas. No lo hagas a menos que quieras terminar como la pobre Whitney Houston. Un hombre que te ama debe buscar tu bienestar, no tu detrimento. La única droga permitida para ti debe ser el amor.

Hacerte cirugía

Es triste ver mujeres que acuden al quirófano solo para complacer a un hombre. Si tu pareja actual no está conforme con tu apariencia, entonces no es el hombre para ti. Allá afuera de seguro hay alguien que suspira por ti siendo como eres. En vez de cambiar tu físico, cambia tu mentalidad y evita salir con hombres frívolos que prefieren a una mujer con senos grandes que a una con una gran personalidad.

Dejar que él escoja tu auto

Los hombres son los expertos en autos y su opinión es bienvenida. No obstante, debes considerar que el auto que deseas comprar es para ti y no para él. En ocasiones es difícil que los hombres entiendan esta distinción. Si él quiere ayudarte en el proceso, dile que cuentas con él, pero indícale desde el comienzo las cualidades que buscas en un auto porque de lo contrario terminarás con un auto turbo y deportivo que tendrá poco espacio y representará un gran gasto en gasolina por las exigencias de las válvulas del motor.

Grabarte teniendo relaciones sexuales

Si tu chico quiere un video para recordar lo bien que la pasan en la intimidad, más vale que tenga buena memoria porque ahí es donde único le debes permitir grabar. Cuando todo está bien en la relación, no corres mucho riesgo, pero si la cosa se pone mala, sabes que él puede compartir ese video con cuanta persona se le ocurra. Recuerda que nadie conoce a nadie y cuando alguien quiere hacerte daño, un video de esta índole es una herramienta perfecta. A lo mejor quieres ser famosa, pero adquirir la fama con un video viral en Internet es la peor forma de hacerlo. Nada de camaritas.

Enviarle fotos comprometedoras

El “sexting” está muy de moda hoy día, especialmente entre los jóvenes. No obstante, además de ser un crimen en muchos países, esta práctica te puede causar muchos problemas. Tomarte estas fotos calientes puede despertar el apetito sexual de tu pareja. No obstante, hay hombres cochinos que se jactan al mostrarle a sus amigos este tipo de material para que vean lo que él disfruta. Si quiere subirse el ego, que no sea a costa tuya. Como alternativa, puedes enviarle mensajes de texto gráficos, es decir con descripciones de lo que te gustaría hacerle, pero nada de imágenes.

En conclusión, debes evitar cometer este tipo de estupideces para ahorrarte un papelón. Deja que un tu hombre te robe el corazón, pero jamás la razón.

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Cosas que hacen los hombres en las películas que un hombre real jamás haría

¡Supéralo! Los hombres de las películas son ficticios y jamás encontrarás uno como ellos en la vida real. Nada de citas fantásticas, sorpresas millonarias o escapadas al paraíso. Mira a continuación otras cosas que no puedes esperar de los hombres de verdad.

Poner al equipo de fútbol a limpiar tu casa para que te prepares para salir con él, traerte un vestido que es exactamente tu talla y a una estilista profesional a arreglarte para una cita sorpresa.

Llenar tu casa con arreglos florales.

Besarte mientras estás en ropa interior en la calle y neva.

Casarse contigo si eres una prostituta.

Darte una serenata con un “boom box”.

Regresar como un fantasma para seguir amándote.

Permitirte fingir un orgasmo frente a la gente sin sentir vergüenza.

Hacerse pasar por mujer para acercarse a su familia.

Escaparse para tomar clases privadas de bailes de salón.

Ir a salvarte, si terminaras en el infierno.

Ir a rescatarte de un campamento nazzi.

Dejar que un millonario guapo pase una noche contigo, aunque sea por un millón de dólares.

No se quedará contigo si no eres de la misma especie. ¡Básico!

Casarse contigo mientras estás embarazada de otra persona o por fertilización “in vitro”.

Un político de Estados Unidos jamás se casará contigo si eres una sirvienta. No, no importa que sea demócrata.

Reconocer el hijo de una mujer y darle su apellido sin pedir una prueba de paternidad; sobretodo si la mujer es una facilita que se ha acostado con la humanidad.

Pintarte desnuda y concentrarse al punto de terminar la obra sin ponerte antes las manos encima.

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Las peores amigas de la historia: Parte 1

Gracias a la vida he sido bendecida con amigas excelentes, cariñosas, inteligente y sí, medio locas. Ellas hacen que mi paso por este mundo sea más divertido, agradable y especial. Ellas saben quiénes son. No obstante, de camino he conocido a unas cuantas diablillas que fueron más “eneamigas” que amigas. Demás está decir que no son parte de mi vida. Lee mi primera historia de horror un poco más abajo. Si tienes alguna anécdota interesante como esta, compártela y podría aparecer como un “post” en el blog.

La egocentrista
La última Coca-Cola en el desierto fue amiga mía. Así como lo lees. La conocí en la universidad mientras terminaba de escribir en computadora un trabajo para una clase de relaciones públicas. Ella me sonrió, hablamos y entablamos una corta y tormentosa amistad. Al principio todo era perfecto: almuerzos casuales, entrenamiento en el gimnasio, salidas por las noches a los lugares más populares de la ciudad y horas de conversaciones femeninas. Con el tiempo me di cuenta que ella dominaba todas nuestras charlas con sus constantes problemas con un novio gringo y sus frustraciones profesionales. Cada vez que yo quería hablar sobre mi novio, empleo o planes, ella me interrumpía de la manera más descortés y seguía con su monólogo aburrido. Yo, como buena amiga la escuchaba. Compartimos por promedio de tres meses y aunque tenía cosas que me molestaban, siempre le daba el beneficio de la duda. ¡Menudo error!

Supe quién realmente era cuando un día una amiga en común me invitó a almorzar y empezamos a hablar de esa chica. De repente descubrimos que esa joya de amiga se llenaba la boca hablando mal de nosotras dos y ahí supe ciertas cosas que no sabía de mí misma. Según, la creída aquella, yo era lesbiana y estaba locamente enamorada de ella. ¡Por Dios! Para empezar, no son lesbiana y si lo fuera, me fijaría en chicas mucho más atractivas que ella. ¡Hay que tener el ego en la luna para decir un comentario tan idiota! Encima de eso, la chica dijo que solo salía de noche conmigo porque soy tan fea que al lado mío, por comparación, ella se ve de revista. ¡Me quedé sin palabras! La menos grave  de las faltas es que se quejó de que fui a su casa y lo estaba mirando todo. Como persona curiosa y creativa que soy, siempre me he distinguido por ser mirona. Observo con pasión los árboles, la gente, la ciudad e incluso aprecio la belleza humana sin ningún tipo de reparo. Los ojos se hicieron para mirar.

Demás está decir que esa loca megalómana dejó de ser mi amiga en ese instante, hace casi una década atrás. La he visto en varios lugares porque mi otra amiga no le retiró su amistad a pesar de haber barrido el suelo con ella y no, no he reconocido su presencia ni le he dirigido la palabra. Me la he encontrado en actividades sociales y profesionales y para mí no existe. Nunca la confronté porque discutir con una persona tan trastornada sería una pérdida de tiempo total y ella está muy bien enterada de todo lo que pienso de ella. Sería llover sobre mojado. La he observado con detenimiento en varias ocasiones y para su mala suerte, aún no me despierta mi apetito sexual ni ha logrado que me pase al otro bando. ¡Todavía me matan los hombres! Me pregunto si ella piensa en mí algunas noches con deseos reprimidos. Ladrón juzga por su condición.

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¡Cuando las dependientes en las tiendas atacan!

Nada es más placentero y reconfortante que salir de compras, respirar el aroma de los artículos nuevos y sentir cómo el corazón late al ver el letrero que anuncia los especiales. Tristemente estas emociones tan únicas pueden verse opacadas por lo que llamo dependientes “psycho”. Comparto con ustedes mi historia de terror en una reconocida tienda de ropa femenina. Gracias a Dios, salí con vida.

Mi esposo y yo estábamos aburridos en casa y se nos ocurrió que aportar a la economía del país por medio de unas cuantas compras sería una manera ideal de entretenernos. En ese momento y muy responsablemente, determiné mi presupuesto para evitar excederme. Me monté en el auto, llegué al centro comercial y ya en mi mente comencé a crear combinaciones de atuendos interesantes para compartirlas en el blog.

Mi primera parada fue una tienda “top” de ropa femenina. Al entrar, una sonreída y muy arreglada dependiente me saludó. Yo le devolví su gesto amable y le indiqué que me parecía fabuloso su atuendo. Ella me miró muy agradecida y me preguntó qué tipo de ropa buscaba. En ese momento le indiqué que solo miraba. Ella trató de ponerme conversación y me comenzó a interrogar sobre el tipo de profesión que tenía, mi estilo, entre otros asuntos. Yo, muy amable le contesté todas sus preguntas. En menos de lo que terminé de proferir mi última palabra, la chica salió como el demonio de Tazmania y arrasó con la tienda al tomar una cantidad excesiva de ropa, y como si me conociera íntimamente, dijo categóricamente que TODO se parecía a mí y que me iba a quedar bien. Mi primer instinto fue salir corriendo, pero las piernas me fallaron y caminé hacia el probador como preso hacia el paredón.

La verdad es que las prendas de ropa estaban divinas, pero al ver el precio de algunas comencé a temblar en ese pequeño probador. No acababa de quitarme la ropa para probarme las primeras piezas y ya la chica me exigió que saliera porque quería ver cómo me quedaban sus selecciones con una voz chillona que no paraba de gritar “Let me see, let me see”. Al verme al espejo me sentí como una diva. ¡Todo estaba regio! Cuando volví a probarme el resto de las piezas, la chica regresó a exigirme que saliera una vez más y yo todavía estaba en ropa interior. Ahí fue que llegué a la conclusión de que esa mujer tenía serios problemas mentales. Cuando abrí la puerta por segunda vez, fui atacada por una manada de piezas nuevas de ropa que la chica colgó dentro del probador con la excusa de que todo me quedaba bien. Trajo correas, pares de zapatos, accesorios, carteras, un banquete para cualquier armario. Calculé con mis ojos la cantidad de todas las piezas y en ese momento me di cuenta que tenía aproximadamente $1,990 en mercancía. El ataque de pánico fue inminente. ¡Esta bruja quiere hacer la comisión de todo un día solo conmigo!

Me vestí lo más pronto que pude, crucé mi “pashmina” en mi cuello y agarré la cartera en busca de aire. Me dio más ansiedad saber que tenía que hacer el “walk of shame” porque luego de que esa mujer me llenó el probador de ropa me iría con las manos vacías. Salí con la apariencia de una compradora calmada y le dije a la chica que no estaba interesada. En ese momento me dijo que los “jeans” que yo creía que estaban en $120, me los podía llevar por $20, pero ya era demasiado tarde para volver atrás. Salí de la tienda y sentí como se sienten los suertudos que escapan de la guerrilla. Abracé a mi esposo tan pronto lo encontré ojeando zapatos deportivos. Entré a otra tienda y recuperé la compostura.

La boca hiperactiva de la dependiente con labios rojos carmesí se quedó en mi cabeza pegada, como un par de “skinny jeans” imposibles de quitar. Entré a otras tiendas y compré otros artículos bonitos, hermosos diría yo, pero no fueron la cura para mi ansiedad. Fui víctima de una dependiente “psycho”, que me quitó un poco la alegría de comprar. Ya la he olvidado un poco, pero no la he perdonado. Por su culpa perdí la oportunidad de comprar tres pares de “jeans” de diseñador por $60. Por otra parte, pensar en ella me halaga un poco, quizás me vio cara de hidalga y pensó que mi apellido es Trump, Vanderbilt o Hilton. Si ella supiera.

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